CAPITULO 11 DE LOS CORINTIOS

Este texto es sumamente interesante para probar la práctica de la Cena Eucarística entre los primeros cristianos. San Pablo dirige palabras duras en tono irónico a la Comunidad de Corinto a causa de faltas graves en la Celebración Eucarística.
La formación de bandos por discriminación social y también cuando se reunían para una cena común era una de ellas. 
También era norma que cada cual apartara alguna comida para luego compartirla pero; habían quienes llevaban todo un banquete para sí mismos y no lo compartían con los pobres que llevaban muy poco; esto lo califica como “indigno” de una comunidad cristiana que participa en la Cena del Señor, porque si se hace  la división e indiferencia hacia los pobres estas reuniones no podían ser reflejo de la caridad de Cristo que llama a todos a la unidad.

Consecuentemente Pablo nos invita a reflexionar sobre la verdadera realidad de la Eucaristía con el fin de hacernos valorar al Espíritu de comunión fraterna.
También en nuestros tiempos, la obediencia a las normas litúrgicas debería ser redescubierta y valorada como reflejo y testimonio de una misma Iglesia católica.

El apóstol de los gentiles, Pablo, nos asegura además que por lo que se refiere a la Eucaristía, no nos transmite su doctrina personal sino lo que El a su vez ha recibido. La celebración Eucarística implica la tradición viva a partir de la experiencia del Resucitado y de la efusión del Espíritu Santo, la Iglesia celebra el Sacrificio Eucarístico obedeciendo el mandato de Cristo.

El amor a la Eucaristía nos lleva también a apreciar cada vez más el Sacramento de la Reconciliación ya que en la actualidad los fieles nos encontramos inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado, favoreciendo una actitud superficial que lleva a olvidar la necesidad de estar en gracia de Dios para acercarse dignamente a la comunión sacramental.

En la Última Cena con los apóstoles, la víspera de su pasión, Jesús realiza anticipadamente la oblación libre de sí mismo: “Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros”. “Esta es mi Sangre que será derramada…” (Lc. 22, 19-20).
De este modo, Jesús instituye, al mismo tiempo, la Eucaristía como “Memorial” (1Co. 11,25) de su sacrificio y a sus apóstoles como sacerdotes de la Nueva Alianza: y los apóstoles aceptando la invitación de Jesús en el cenáculo, entrarán por vez primera en comunión sacramental con El. Desde aquel momento y hasta el final de los siglos, la Iglesia se edifica a través de la comunión sacramental con el Hijo de Dios inmolado por nosotros.

Quien es consciente de vivir, o aisladamente, haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la reconciliación antes de acercarse a comulgar.
También son necesarios, creer,  el espíritu de recogimiento, de oración, el ayuno prescrito, la actitud corporal digna y vestimenta apropiada en señal de entrega a Cristo.

Son muchos los signos con los cuales el Señor nos advierte y con solo respetar las
exigencias de una celebración digna de la Eucaristía, la Iglesia…  se transformaría.


POR: OLGA PINEDO