LA CONVERSION DE SAN PABLO... Y NUESTRA CONVERSIÓN

El 25 de Enero la Iglesia celebra la conversión de San Pablo. Todos los cristianos, en este día, deberíamos renovar nuestro propósito de "conversión". Pero, lamentablemente, muchos cristianos piensan que no necesitan convertirse y otros... se contentan con una conversión "ritual".

La conversión de San Pablo fue otra cosa: fue una efusión de la Gracia, que transformó profundamente y para siempre su vida.
En efecto, fue un encuentro directo con Cristo, un encuentro personal, apasionado, en un fulgor de luz celestial, que llegó a oscurecerle - a Pablo - la visión de este mundo.
De parte de Dios, era la voz inquietante del Amigo divino que le preguntaba el por qué de su persecusión ciega e injusta; y de parte de Pablo, una pregunta angustiosa que buscaba reconocer a su Señor.

Fue ese encuentreo de pocas palabras y de tanta luz que lo transformó. Siguieron unos días de reflexión y de oración, e inmediatamente el "perseguidor" de Cristo se puso a predicar en las sinagogas que "Jesús es el Hijo de Dios", con una convicción y una sabiduría tan inspirada, que sorprendió a todos y cautivó a muchos.
Esta conversión de Saulo es la más emblemática, por cómo se realizó y por sus consecuencias. Es una estrella de primera grandeza, que ha iluminado con su fulgos la historia de la Iglesia. Cristo en persona operó el cambio: tumbó a Saulo del caballo, lo iluminó con su luz y sacudió su conciencia, cambiando su vida, así que Pablo podrá afirmar después: "Ya no soy yo que vivo, es Cristo que vive en mí".

Y con la conversión de Pablo, la Iglesia naciente recibió un impulso nuevo, irresistible, que llegó a todos los confines del mundo gracias a los viajes del "apóstol de las gentes" y gracias a sus cartas ardientes y profundas, que iluminaron y siguen iluminando a todos los cristianos.
La fiesta de la Conversión de San Pablo es una fiesta grande especialemtne para los Padres Vicentinos, que la celebran como inicio de su "Comunidad de la Misión", porque precisamente un 25 de Enero (del año 1617) San Vicente de Paúl hizo una prédica, invitando a la conversión y a la confesión, y su palabra sacudió la conciencia del pueblo, tanto que uno de los campesinos manifestó públicamente que se habría condenado sin esa predicación.
Así que San Vicente de Paúl decidió crear una "pequeña Compañía" de sacerdotes dedicados sobre todo a eso.

En realidad, para eso vino a nosotros el Hijo de Dios: para liberarnos del pecado, como profetizó Zacarías, el padre del precursor, y como Jesús mismo explicó en la sinagoga de Nazaret. El Precursor preparó el camino a Jesús predicando la conversión, y Jesús nos explicó cómo debemos convertirnos; y al final Él mismo nos mereció el perdón como fruto de su pasión y muerte. Éste es el compendio de la historia más bella: La Historia de Nuestra Salvación.

Por. P. Alfio Giorgi  C.M.