No hay duda que el Evangelio de hoy es fácil de entender para pobres y ricos. Se trata de sinceridad para con Dios y para nuestra conciencia. Es cuestión de autenticidad. Nadie debe dar más allá de sus posibilidades. Dios no es un tirano.
Enseña San Agustín:
"Zaqueo fue un hombre de gran voluntad y su caridad fue grande; dio la mitad de sus bienes en limosnas y se qeudó con la otra mitad sólo para devolver lo qeu acaso había defraudado. Mucho dio y mucho sembró".
Entonces aquella viuda que dio dos céntimos ¿sembró poco?. No, lo mismo que Zaqueo, tenía menos dinero pero igual voluntad, y entregó sus dos moneditas con el mismo amor que Zaqueo la mitad.
Si miras lo que dieron, verás que entregan cantidades diversas; pero si miras de dónde lo sacan, verás que sale del mismo sitio lo que da la una que lo que entrega el otro".
La conversión de Zaqueo, estoy seguro, que fue real. La experiencia me ha demostrado que el encuentro con Dios que cambia la vida en las tres pasiones del ser humano: el orgullo, la sensualidad, el materialismo, es una verdadera conversión y muy especial cuando atañe al bolsillo, a la plata, al tener, al poseer. Creo profundamenbte en la conversión de Zaqueo como el de la viuda.
Nos escribe San Lucas textualmente en 19, 8-10: "Pero Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a lospobres, y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más".
Jesús, pues, dijo con respeto a él: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa pues tambien ese hombre es hijo de Abrahan". el hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. esto es cambiar de vida. San Pablo, 30 años despues de las palabras de Jesus escribiria lo mismo: "Sean pacientes en las pruebas y oren sin cesar. compartan con los hermanos necesitados, y sepan acoger a los que estan de paso Bendigan a quienes los persigan: y no los maldigan. Alegrense con los que estan alegres, lloren con los que estan tristes. vivan en armonia unos con otros. no busquen grandezas y vayan a lo humilde; no se tengan por sabios. Romanos 12, 12-16."
TODOS SOMOS POBRES Y TODOS SOMOS RICOS.
Nadie es tan pobre que no pueda dar algo, ni tan rico que no pueda recibier algo. Los ricos son distantes a veces, se creen superiores a veces o piensan que se les quiere robar. necesitan bondad dulzura, humidad, y tal vez generosidad; pero lo peor es que no saben amar de verdad.
Y algunos pobres que si no pueden dar cosas pueden dar bondad, una sonrisa, un consejo, acompañar en la soledad de los solitarios, rezar por los demas y contagiar la alegria que otros no tienen. Y como la viuda del Evangelio a veces dar.
P. FRANCISCO DOMINGO C. M.
NO HE VENIDO A SER SERVIDO SINO A SERVIR
Juan Bautista, después de haber aceptado bautizarle en compañía de los pecadores, vió y señaló a Jesús como el “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo” (Juan 1, 29).
Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Isaías 53, 7) y carga con el pecado de las multitudes, y el cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Ex 12, 3 - 14). Toda la vida de Cristo expresa su misión: “Servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc. 10, 45), (CEC 608).
Ser cristianos es luchar contra corriente; es ser un poco marciano. Las bienaventuranzas no cayeron tan bien a la gente, menos sería hoy día cuando todo se dirige al éxito, a poseer, tener, aumentar la cuenta,… eso de bienaventurados los pobres, los mansos, los que lloran, los pacíficos, los que buscan la justicia, los misericordiosos,… no vale.
El mundo de hoy como entonces piensa lo contrario a lo que dice el evangelio de hoy domingo XXIX, eso de servir, no ser servido, preocuparse de los demás, dar mi tiempo a otros,…
JESUCRISTO NOS ENSEÑO ASÍ
En el cuarto cántico del Siervo de Dios nos dice en el capítulo 53,7 y 8: “Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquila esta muda, tampoco el abrió la boca”.
Esto no quiere decir que lo normal sea el dolor, el sufrimiento, el padecer, el aguante. No. Es parte de nuestra vida. Pero hay virtudes indispensables para ser cristiano.
En este año de la fe no debemos olvidar que además de creer tenemos que rezar y vivir lo que rezamos que es lo mismo que las virtudes y los mandamientos.
De los diez mandamientos, 3 miran a Dios, y 7 al prójimo comenzando por honrar padre y madre, no matar, no mentir, no levantar falsos testimonios,…. Es servir al prójimo, es no hacerle sufrir, es valorarle…
El Señor se pone a si mismo como modelo y ejemplo a seguir: Él, siendo Dios, se ha hecho hombre, y no ha venido a ser servido sino a servir…
Siguiendo sus huellas el discípulo puede responder acertadamente a su legítima aspiración a la grandeza humana. El cristiano es grande cuando, triunfa, tiene éxito cuando es igual a su Maestro.
“El Señor no se escandaliza ni rechaza la ambición que muestran sus Apóstoles, incluso se podría decir que cuenta con ella. ¿No los ha elegido, conociéndolos de antemano? ¿No ha elegido hombres ambiciosos para llevar a cabo una misión de alcances insospechados? ¿No necesita el Señor de hombres que ambicionen la gloria, para conquistar el mundo entero?”.
“El que quiere ser grande, que se haga el servidor de todos; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos” (Mc 10, 43-45).
P. FRANCISCO DOMINGO C.M.
Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Isaías 53, 7) y carga con el pecado de las multitudes, y el cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Ex 12, 3 - 14). Toda la vida de Cristo expresa su misión: “Servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc. 10, 45), (CEC 608).
Ser cristianos es luchar contra corriente; es ser un poco marciano. Las bienaventuranzas no cayeron tan bien a la gente, menos sería hoy día cuando todo se dirige al éxito, a poseer, tener, aumentar la cuenta,… eso de bienaventurados los pobres, los mansos, los que lloran, los pacíficos, los que buscan la justicia, los misericordiosos,… no vale.
El mundo de hoy como entonces piensa lo contrario a lo que dice el evangelio de hoy domingo XXIX, eso de servir, no ser servido, preocuparse de los demás, dar mi tiempo a otros,…
JESUCRISTO NOS ENSEÑO ASÍ
En el cuarto cántico del Siervo de Dios nos dice en el capítulo 53,7 y 8: “Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquila esta muda, tampoco el abrió la boca”.
Esto no quiere decir que lo normal sea el dolor, el sufrimiento, el padecer, el aguante. No. Es parte de nuestra vida. Pero hay virtudes indispensables para ser cristiano.
En este año de la fe no debemos olvidar que además de creer tenemos que rezar y vivir lo que rezamos que es lo mismo que las virtudes y los mandamientos.
De los diez mandamientos, 3 miran a Dios, y 7 al prójimo comenzando por honrar padre y madre, no matar, no mentir, no levantar falsos testimonios,…. Es servir al prójimo, es no hacerle sufrir, es valorarle…
El Señor se pone a si mismo como modelo y ejemplo a seguir: Él, siendo Dios, se ha hecho hombre, y no ha venido a ser servido sino a servir…
Siguiendo sus huellas el discípulo puede responder acertadamente a su legítima aspiración a la grandeza humana. El cristiano es grande cuando, triunfa, tiene éxito cuando es igual a su Maestro.
“El Señor no se escandaliza ni rechaza la ambición que muestran sus Apóstoles, incluso se podría decir que cuenta con ella. ¿No los ha elegido, conociéndolos de antemano? ¿No ha elegido hombres ambiciosos para llevar a cabo una misión de alcances insospechados? ¿No necesita el Señor de hombres que ambicionen la gloria, para conquistar el mundo entero?”.
“El que quiere ser grande, que se haga el servidor de todos; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos” (Mc 10, 43-45).
P. FRANCISCO DOMINGO C.M.
LA FE QUE PROFESAMOS, LA QUE CELEBRAMOS, LA QUE VIVIMOS
Mateo 16, 17 - 19: Jesús preguntó a sus discípulos: "Y ahora que te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo".
Es la única vez que Jesucristo dice la palabra IGLESIA. Lo importante no es pertenecer a la Iglesia como la comunidad de Jesucristo, sino ser un discípulo bueno de Jesucristo. Judas siguió algún tiempo a Jesucristo, tenía fe, pero solo la fe no sirve. La fe con oración y virtudes, comportamiento, mandamientos, dignidad, lealtad, rectitud, moralidad, conciencia,... así se puede pertenecer a la Iglesia de Cristo. Esto sí que sirve.
El AÑO DE LA FE que hemos comenzado el jueves 11 de octubre nos pide a gritos oracion y buena conciencia, con una fe a toda prueba. Este año algo tiene que suceder. Primero individualmente y después en la Iglesia y después en el mundo. Jesucristo no se encarnó hace 2012 años, ni murió en la cruz para qeu tengamos a hombres y mujeres que pierden lo esencial de la vida, "lo único necesario" que es DIOS.
Los cristianos somos los que creemos en Cristo, Hechos 11, 25: "... y fue en Antioquía donde los discípulos por primera vez recibieron el nombre de cristianos".
El cristiano, cree en la divinidad de Jesucristo; que es Dios no sólo hombre. Que fundó la Iglesia; que hizo 38 milagros y predicó 32 parábolas según algunos.
Que anunció el Reino, un estilo de vida, una forma de pensar, de hablar, de actuar. Vivir como él vivió, creer como él, rezar como él, ser como él fue.
Eso es un discípulo y misionero, se deja formar por Jesucristo y se porta como Jesucristo. Hay que ser como él y actuar como él.
Por eso las tres dimensiones católicas son indispensables:
1° LA FE QUE PROFESAMOS: BIBLIA, TRADICIÓN Y MAGISTERIO
2° LA FE QUE CELEBRAMOS: SACRAMENTOS, ORACIONES, DEVOCIONES
3° LA FE QUE VIVIMOS: VIRTUDES, MANDAMIENTOS, BIENAVENTURANZAS.
Para esto es el Año de la Fe: CREER, REZAR y VIVIR. Cristiano no es el que se bautiza solamente sino el que vive su bautismo. Al final de todo Jesús dice: "Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" El le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?" Respondió: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo".
P. Francisco Domingo C.M.
Es la única vez que Jesucristo dice la palabra IGLESIA. Lo importante no es pertenecer a la Iglesia como la comunidad de Jesucristo, sino ser un discípulo bueno de Jesucristo. Judas siguió algún tiempo a Jesucristo, tenía fe, pero solo la fe no sirve. La fe con oración y virtudes, comportamiento, mandamientos, dignidad, lealtad, rectitud, moralidad, conciencia,... así se puede pertenecer a la Iglesia de Cristo. Esto sí que sirve.
El AÑO DE LA FE que hemos comenzado el jueves 11 de octubre nos pide a gritos oracion y buena conciencia, con una fe a toda prueba. Este año algo tiene que suceder. Primero individualmente y después en la Iglesia y después en el mundo. Jesucristo no se encarnó hace 2012 años, ni murió en la cruz para qeu tengamos a hombres y mujeres que pierden lo esencial de la vida, "lo único necesario" que es DIOS.
Los cristianos somos los que creemos en Cristo, Hechos 11, 25: "... y fue en Antioquía donde los discípulos por primera vez recibieron el nombre de cristianos".
El cristiano, cree en la divinidad de Jesucristo; que es Dios no sólo hombre. Que fundó la Iglesia; que hizo 38 milagros y predicó 32 parábolas según algunos.
Que anunció el Reino, un estilo de vida, una forma de pensar, de hablar, de actuar. Vivir como él vivió, creer como él, rezar como él, ser como él fue.
Eso es un discípulo y misionero, se deja formar por Jesucristo y se porta como Jesucristo. Hay que ser como él y actuar como él.
Por eso las tres dimensiones católicas son indispensables:
1° LA FE QUE PROFESAMOS: BIBLIA, TRADICIÓN Y MAGISTERIO
2° LA FE QUE CELEBRAMOS: SACRAMENTOS, ORACIONES, DEVOCIONES
3° LA FE QUE VIVIMOS: VIRTUDES, MANDAMIENTOS, BIENAVENTURANZAS.
Para esto es el Año de la Fe: CREER, REZAR y VIVIR. Cristiano no es el que se bautiza solamente sino el que vive su bautismo. Al final de todo Jesús dice: "Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" El le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?" Respondió: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo".
P. Francisco Domingo C.M.
EDITORIAL
El día 11 de octubre, jueves, comienza el Año de la fe. Ese mismo día se celebra en la Iglesia la fiesta del beato Juan XXIII, “el Papa bueno” y “el Párroco del mundo”.
Lo más importante en el Año de la fe, es el encuentro vivo y profundo con la persona de Jesucristo; su ejemplo, su evangelio. “El acto de fe, es un don de Dios, pero aceptado libremente. Para aceptar todas las verdades de la fe, para anunciar la fe, comprometerse con la fe,, dar testimonio coherente, feliz y valiente de su fe. La fe transforma a la persona hasta en lo mas íntimo de su corazón y todas sus facultades”.
El domingo 21 es el día del DOMUND, a nivel eclesial, y nos unimos a los cerca de 50,000 misioneros de todos el mundo, que salen de su país para evangelizar o reevangelizar y dispuestos siempre a morir en tierra extranjera. El slogan de este año 2012 es “Llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad”. Los misioneros trabajan sin propaganda, no son noticia ni cuando sufren injusticia. En nuestro Perú, el padre vicentino Alfonso Acencios Zuloaga, fue secuestrado el 23 de noviembre del 2011. Hay un preso por el delito.
No es de interés para los medios de comunicación, pero si lo es para Dios, para la Iglesia, sus comunidades de la selva de Tarapoto, su Congregación vicentina, su mama y hermanos. En el 2011 más de 20 misioneros han muerto violentamente en el mundo. Su pecado “ser misioneros de Jesucristo.”
El mes del Señor de los milagros, el mes de la Virgen del Rosario. Nos dice la Porta Fidei: “sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio, vida, de los cristianos. Del mismo modo, la enseñanza del Catecismo sobre la vida moral (virtudes, mandamientos) adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración”. Stgo.2, 17: “Así también la fe, si no tiene obras, esta realmente muerta.” Juan 14, 21 : “Quien guarda mis mandamientos, ese me ama”.
Esta es la verdadera devoción al Señor de los Milagros y a María. “¿De que le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?”. Santiago 2,14.
Es el mes de Santa Teresita (1987), los Ángeles Custodios, Santa Teresa de Jesús (1582), San Pedro de Alcántara, “hecho de raíces de árboles”, San Bruno, que buscó a Dios en el silencio, San Ignacio de Antioquía, anciano mártir, San Pablo de la Cruz y los pasionistas, San Francisco de Borja, que se convirtió ante el cadáver de una reina…
Tiene que haber un “revulsivo”, hay que “despertar del letargo” que no se diga “la iglesia duerme”. Hay que poner más energía y dar más tiempo a Jesucristo. El mundo no tiene solución sin Dios. Para eso celebramos el mes de octubre: para ser mejores cristianos, mejores hijos de Dios y mejores hermanos unos con los otros.
P. FRANCISCO DOMINGO C.M.
Lo más importante en el Año de la fe, es el encuentro vivo y profundo con la persona de Jesucristo; su ejemplo, su evangelio. “El acto de fe, es un don de Dios, pero aceptado libremente. Para aceptar todas las verdades de la fe, para anunciar la fe, comprometerse con la fe,, dar testimonio coherente, feliz y valiente de su fe. La fe transforma a la persona hasta en lo mas íntimo de su corazón y todas sus facultades”.
El domingo 21 es el día del DOMUND, a nivel eclesial, y nos unimos a los cerca de 50,000 misioneros de todos el mundo, que salen de su país para evangelizar o reevangelizar y dispuestos siempre a morir en tierra extranjera. El slogan de este año 2012 es “Llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad”. Los misioneros trabajan sin propaganda, no son noticia ni cuando sufren injusticia. En nuestro Perú, el padre vicentino Alfonso Acencios Zuloaga, fue secuestrado el 23 de noviembre del 2011. Hay un preso por el delito.
No es de interés para los medios de comunicación, pero si lo es para Dios, para la Iglesia, sus comunidades de la selva de Tarapoto, su Congregación vicentina, su mama y hermanos. En el 2011 más de 20 misioneros han muerto violentamente en el mundo. Su pecado “ser misioneros de Jesucristo.”
El mes del Señor de los milagros, el mes de la Virgen del Rosario. Nos dice la Porta Fidei: “sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio, vida, de los cristianos. Del mismo modo, la enseñanza del Catecismo sobre la vida moral (virtudes, mandamientos) adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración”. Stgo.2, 17: “Así también la fe, si no tiene obras, esta realmente muerta.” Juan 14, 21 : “Quien guarda mis mandamientos, ese me ama”.
Esta es la verdadera devoción al Señor de los Milagros y a María. “¿De que le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?”. Santiago 2,14.
Es el mes de Santa Teresita (1987), los Ángeles Custodios, Santa Teresa de Jesús (1582), San Pedro de Alcántara, “hecho de raíces de árboles”, San Bruno, que buscó a Dios en el silencio, San Ignacio de Antioquía, anciano mártir, San Pablo de la Cruz y los pasionistas, San Francisco de Borja, que se convirtió ante el cadáver de una reina…
Tiene que haber un “revulsivo”, hay que “despertar del letargo” que no se diga “la iglesia duerme”. Hay que poner más energía y dar más tiempo a Jesucristo. El mundo no tiene solución sin Dios. Para eso celebramos el mes de octubre: para ser mejores cristianos, mejores hijos de Dios y mejores hermanos unos con los otros.
P. FRANCISCO DOMINGO C.M.
EN EL UMBRAL DEL AÑO DE LA FE
Sucede hoy con frecuencia que los cristianos siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no solo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados en ella, y no parece que sea si en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas”.
Este fino y penetrante diagnostico de la situación en que se encuentra la fe en amplios sectores de la sociedad actual, esta en la base de un s decisión de gran calado que ha tomado Benedicto XVI: convocar a un “Año de la Fe” desde el próximo 11 de octubre hasta el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.
El 11 de octubre es una fecha que trae a la memoria dos acontecimientos eclesiales de excepcional importancia: el comienzo del Concilio Vaticano II (1962) y la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica (1992). El Papa actual lo sabe muy bien, porque estuvo presente, como teólogo, en el Concilio Vaticano II y a él encargó el Beato Juan Pablo II el seguimiento y supervisión del Catecismo.
Es pues, un experto en ambos asuntos y conoce perfectamente la importancia que tienen para la revitalización de la fe del mundo moderno y de la misma Iglesia. Por eso, quiere que a lo largo de este Año de la Fe uno y otro sean libros de cabecera de obispos, sacerdotes, religiosos y seglares comprometidos.
Sin embargo, el objetivo principal del Año de la Fe no es conocer la doctrina y el espíritu que anima ambos documentos. Siendo muy importantes los contenidos de la fe, mas aun, indispensables para la existencia de la misma fe, Benedicto XVI va más lejos, y desea que el Año de la Fe “suscite – son sus palabras- en todo el creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción... ocasión propia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, de modo especial, en la Eucaristía”, de modo que “el testimonio de la vida de los creyentes sea cada vez mas creíble””. Dicho más brevemente, lo que el Papa nos propone para este Año de la Fe es “redescubrir los contenidos de lea fe profesada, celebrada, vivida y rezada” y “reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree”.
Pero ni siquiera esta es su meta última, la meta final es redescubrir el gozo de sentirnos cristianos, y, como consecuencia, la necesidad imperiosa de comunicar nuestra fe a los demás. De tal modo que, si este objetivo no se alcanza, la clausura del Año de la Fe será una invitación a proseguir el camino, hasta alcanzar el objetivo.
Esa meta queda más perfilada en estas palabras que el Papa escribió en su primera encíclica y que nunca podemos olvidar: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Y ESA PERSONA NO ES OTRA QUE JESUCRISTO.
Si nos encontramos personalmente con Él a lo largo del Año de la Fe, éste habrá logrado su objetivo en cada uno de nosotros. En cambio, si tal encuentro no se realizara, la situación de nuestra fe personal permanecería invariada y, quizás, desnortada. Por eso, todas las propuestas, objetivos y acciones que programemos a todos los niveles: diocesano, parroquial, grupal, han de estar encaminadas, en última instancia, a provocar un encuentro personal con Cristo, que nos lleve a experimentar el gozo de sentirnos discípulo y nos impulse a la alegría de ser sus apóstoles.
Por: Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
Este fino y penetrante diagnostico de la situación en que se encuentra la fe en amplios sectores de la sociedad actual, esta en la base de un s decisión de gran calado que ha tomado Benedicto XVI: convocar a un “Año de la Fe” desde el próximo 11 de octubre hasta el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.
El 11 de octubre es una fecha que trae a la memoria dos acontecimientos eclesiales de excepcional importancia: el comienzo del Concilio Vaticano II (1962) y la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica (1992). El Papa actual lo sabe muy bien, porque estuvo presente, como teólogo, en el Concilio Vaticano II y a él encargó el Beato Juan Pablo II el seguimiento y supervisión del Catecismo.
Es pues, un experto en ambos asuntos y conoce perfectamente la importancia que tienen para la revitalización de la fe del mundo moderno y de la misma Iglesia. Por eso, quiere que a lo largo de este Año de la Fe uno y otro sean libros de cabecera de obispos, sacerdotes, religiosos y seglares comprometidos.
Sin embargo, el objetivo principal del Año de la Fe no es conocer la doctrina y el espíritu que anima ambos documentos. Siendo muy importantes los contenidos de la fe, mas aun, indispensables para la existencia de la misma fe, Benedicto XVI va más lejos, y desea que el Año de la Fe “suscite – son sus palabras- en todo el creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción... ocasión propia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, de modo especial, en la Eucaristía”, de modo que “el testimonio de la vida de los creyentes sea cada vez mas creíble””. Dicho más brevemente, lo que el Papa nos propone para este Año de la Fe es “redescubrir los contenidos de lea fe profesada, celebrada, vivida y rezada” y “reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree”.
Pero ni siquiera esta es su meta última, la meta final es redescubrir el gozo de sentirnos cristianos, y, como consecuencia, la necesidad imperiosa de comunicar nuestra fe a los demás. De tal modo que, si este objetivo no se alcanza, la clausura del Año de la Fe será una invitación a proseguir el camino, hasta alcanzar el objetivo.
Esa meta queda más perfilada en estas palabras que el Papa escribió en su primera encíclica y que nunca podemos olvidar: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Y ESA PERSONA NO ES OTRA QUE JESUCRISTO.
Si nos encontramos personalmente con Él a lo largo del Año de la Fe, éste habrá logrado su objetivo en cada uno de nosotros. En cambio, si tal encuentro no se realizara, la situación de nuestra fe personal permanecería invariada y, quizás, desnortada. Por eso, todas las propuestas, objetivos y acciones que programemos a todos los niveles: diocesano, parroquial, grupal, han de estar encaminadas, en última instancia, a provocar un encuentro personal con Cristo, que nos lleve a experimentar el gozo de sentirnos discípulo y nos impulse a la alegría de ser sus apóstoles.
Por: Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
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