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LA CUARESMA... DE ANTAÑO


Me han pedido escribir algo sobre la Cuaresma de antaño.
Esencialmente, la Cuaresma ha sido siempre y sigue siendo "tiempo de penitencia y tiempo de conversión y santificación".
 
Pero, lo que suele cambiar en la sociedad es la interpretación y la vivencia de los principios.
 
Hace 60 ó 70 años, cuando yo era joven, la Cuaresma era realmente un tiempo "fuerte": de austeridad, de oración, de reflexión, de sacrificio, de mortificación auténtica; y todo esto gustaba, en general, a los cristianos.
 
El ayuno y la abstinencia de que habla el catecismo nos parecía una cosa normal, oportuna y conveniente, sea para la salud del alma que del cuerpo.
Y nos ayudaban, cierto, las circunstancias de tiempo y lugar; ya que, cuando yo era muchacho, hubo guerras, hambre y restricciones de todo género, que nos acostumbraron a la abstinencia y a la mortificación más severa.
La carne, en ese tiempo, "brillaba por su ausencia" y escaseaba también el pan de cada día. Así que resultaba fácil, en ese tiempo, vivir la Cuaresma en el sentido más estricto.
 
Las normas del Catecismo hablaban claramente de esta obligación y de la manera de ponerla en práctica, según las circunstancias.
 
Así que había, como siempre, unas dispensas en casos especiales, como para los enfermos y los ancianos. Pero, también en estos casos, era frecuente y conmovedor el ejemplo de cumplimiento fiel y generoso.
 
Y esto debería ser lo normal. Ya que Cristo nos ha enseñado el sacrificio, con su palabra y sobre todo con su vida de austeridad y con su pasión y muerte.
 
En el evangelio leemos que, en cierta ocasión, los discípulos se extrañaron al ver al Señor tan entregado a su trabajo apostólico que se olvidaba también de comer; y se lo dijeron.
 
Y Jesús aclaró: "Tengo un pan que ustedes no conocen". Se refería a su decisión de cumplir siempre la voluntad del Padre.
 
Es esto que nos alimenta, nos fortalece y nos da tanta paz: confiar en el amor de Dios, autor de todo bien, y aceptar la cruz de todos los días, como hizo Jesús. Es ésta le mejor forma de vivir la Cuaresma, hoy como antaño.
 
Por: P. Alfio Giorgi C.M.

BENEDICTO XVI, UN PONTIFICADO POR CRISTO Y POR LA IGLESIA

El 16 de abril de 2005 cumplía 78 años. El cardenal Joseph Ratzinger tenía ante sus ojos la apertura inminente del cónclave. A los tres días, el 19 de abril, era elegido Papa, el 264 sucesor del apóstol san Pedro. Iniciaba así una nueva etapa en su vida.
 
Más de uno habrá pensado, en aquel día de abril de 2005: ¿qué puede hacer un hombre que empieza a ser Papa a los 78 años? Nos gustaría encontrar parte de la respuesta ahora, en febrero de 2013, cuando va a renunciar a su misión petrina. Descubriremos con asombro que se pudo hacer mucho en el mundo de lo visible y cuantificable. Lo invisible, lo más profundo, lo que llega a los corazones, sólo lo conoce Dios.
 
Benedicto XVI asumió, desde el inicio de su trabajo como Papa, el mensaje íntegro del Concilio Vaticano 11, como explicó a los cardenales que lo habían elegido. Buscó defenderlo de interpretaciones erróneas. Supo tender la mano a quienes, como los  seguidores del obispo Lefebvre, no lo habían comprendido.
 
Intentó aplicarlo de modo correcto y profundo en puntos no siempre bien interpretados. Con la mirada puesta en el Concilio convocó un Año de la fe (2012-2013), para celebrar y meditar, tras 50 años de su inicio, lo que significó aquel acontecimiento iniciado por Juan XXIII y llevado a puerto por Pablo VI.
 
En estos casi ocho años el Papa nos ha regalado tres encíclicas. La primera (Deus caritas est), firmada en diciembre de 2005 y publicada a inicios de 2006, está dedicada al tema del amor. La segunda (Spe salvi), dada a luz a finales de 2007, trata de la esperanza. La tercera (Caritas in veritate), de 2009, analiza y aplica la doctrina social de la Iglesia para el contexto que ahora vive el mundo globalizado.
 
En estos años Benedicto XVI ha presidido cinco Sínodos de los obispos. Uno dedicado a la Eucaristía (en 2005); otro a la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia (en 2008); dos especiales, uno para África (en 2009) y otro para analizar la situación de los católicos en Medio Oriente (en 2010); y uno para el tema de la Nueva evangelización (en 2012).
 
Por lo que se refiere a sus viajes apostólicos, el Papa realizó importantes viajes fuera de Italia: a Brasil (en 2007), para dar inicio a los trabajos de la Conferencia general del episcopado latinoamericano. A varios países de África: Camerún y Angola (en 2009), y a Benin (en 2011, para entregar la exhortación postsinodal Africae munus). A varios países de Europa: Alemania (en los años 2005, 2006 Y 2011), España (2006, 2010 Y 2011), Polonia (2006), Austria (2007), Francia (2008), República Checa (2009), Gran Bretaña y Portugal (2010).
 
Viajó a Turquía, tras las huellas de san Pablo, en 2006. También visitó los Estados Unidos de América y dirigió un importante discurso a las Naciones Unidas (en abril de 2008). Llegó hasta las lejanas tierras de Australia, para la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney (2008). Y visitó, como lo habían hecho Pablo VI y Juan Pablo 11, Tierra Santa (mayo de 2009).
 
En el año 2012 tuvo el valor de volar a América para visitar México y Cuba. Y también ese mismo año quiso visitar el Líbano para entregar simbólicamente a todos los católicos de Medio Oriente la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente.
 
Sin poder llegar físicamente, el Papa tuvo siempre muy cerca de su corazón a los católicos en China, a los que envió una importante carta el 27 de mayo de 2007, y a los que acompañó con reuniones especiales tenidas en el Vaticano durante estos años.
Italia también fue objeto de 30 viajes del Vicario de Cristo. El último, el 4 de octubre de 2012, lo llevó como peregrino a Loreto, para evocar el famoso viaje que Juan XXIII hiciera poco antes del Vaticano II.
 
En la diócesis de Roma el Papa se hizo presente en varias parroquias, con el deseo de contactar directamente con los párrocos y los fieles de la Ciudad Eterna. Conservan una frescura especial sus discursos, espontáneos, a los sacerdotes de la Ciudad Eterna y a los seminaristas del Colegio romano.
 
En estos años de pontificado Benedicto XVI acogió a millares de obispos de todo el mundo llegados a Roma para la visita que hacen, cada cinco años (o con un espacio de tiempo mayor), al Sucesor de Pedro, o por otros motivos, encontraron en el Papa a un hermano en el episcopado y a un servidor incansable del Evangelio.
 
En estos años dirigió su palabra, casi sin interrupción, en centenares de audiencias generales de los miércoles en el Vaticano. En ellas, acogió y concluyó un ciclo temático dedicado a los Salmos, que había sido iniciado por Juan Pablo II en sus últimos años de Papa. Luego, empezó una serie de catequesis sobre los apóstoles y los discípulos más cercanos al Señor, sobre la Iglesia primitiva, sobre los Santos Padres y sobre los santos y hombres de fe más representativos a lo largo de los siglos.
Durante estas catequesis insertó un ciclo sobre san Pablo (2008-2009), y varias audiencias estuvieron dedicadas al Año sacerdotal o a diversos acontecimientos de la Iglesia. Las temáticas de los últimos meses fueron la oración y, con motivo del Año de la fe, esa virtud teologal que nos une a Dios y a su mensaje.
 
En estos años, Benedicto XVI promovió la vida litúrgica, especialmente la centralidad de la Eucaristía. Tienen una importancia especial dos documentos: la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis (publicada en 2007); y el Motu Proprio Summorum  Pontificum sobre la Liturgia romana anterior a la Reforma de 1970 (también publicado en 2007). Ha habido otras medidas concretas, como la petición de una más fiel traducción de las palabras consacratorias de la Misa. Estas intervenciones buscaron rescatar el genuino sentido de la liturgia y revitalizar el rito romano de la Misa usado hasta las reformas del Concilio Vaticano II.
 
No podemos olvidar las homilías en las que Benedicto XVI, con un profundo sentido espiritual, quiso ilustrar signos y aspectos que forman parte de la liturgia de la Iglesia y que merecen ser vividos de modo consciente y en un clima de fe orante.
 
En estos años el Papa dio pasos concretos en el diálogo ecuménico y tomó disposiciones para acoger a grupos importantes de la iglesia anglicana que deseaban volver a la plena comunión con la Iglesia católica (especialmente con la constitución apostólica Anglicanorum coetibus, publicada en 2009).
 
En estos años promovió el diálogo interreligioso, con momentos de mayor visibilidad durante las ya recordadas visitas a Turquía (2006) y a Tierra Santa (2009), y en la histórica presencia de Benedicto XVI en la Sinagoga de Roma (en enero de 2010).
 
En estos años pudo continuar su trabajo como teólogo al dar forma concreta a un sueño que llevaba en su corazón antes de ser elegido Papa: escribir tres libros sobre Jesucristo, dos con el título de Jesús de Nazaret, publicados en 2007 y 2011 respectivamente; y otro sobre La infancia de Jesús (2012).
 
Se podrían comentar tantos otros aspectos eclesiales, culturales, teológicos, filoficos, y simplemente humanos, de estos casi ocho años que han marcado el corazón y la vida de la Iglesia desde los gestos y las palabras de un Papa, Benedicto XVI, que fue elegido con 78 años, y que supo trabajar, sencillamente, con la mirada fija en quien un día le llamó y le dijo: "Sígueme".
 
Hoy está a punto de dejar su puesto de Vicario de Cristo, de Sucesor de san Pedro. Libremente, con un gesto valiente y bien ponderado, vuelve a confiar en el Maestro y espera, con su renuncia, dejar espacio a la llegada de un nuevo Obispo de Roma que tenga las energías y la salud necesarias para guiar a la Iglesia en estos momentos de la historia.
 
Llenos de gratitud hacia este "humilde servidor", millones de católicos elevan una oración agradecida y una súplica confiada a Dios Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, con la intercesión de la Virgen Santísima y de los Santos, por la salud y las intenciones de Benedicto XVI.
 
En estos momentos de intensa emoción, recordamos sus primeras palabras como Obispo de Roma, el 19 de abril de 2005, cuando saludaba a la gente desde el balcón central de la Basílica de San Pedro:
"Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a  vuestras oraciones.
En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante. El Señor nos ayudará y María, su santísima Madre, estará a nuestro lado. iGracias!"


iMuchas gracias Santo Padre!
Fernando Pascual IC. 18 Feb 2013.

CREO EN TI, SEÑOR

Creo en el Espíritu Santo.
Creo que él puede desmontar
mis prejuicios.
Creo que él puede cambiar
mis hábitos.
Creo que él puede superar
mi falta de interés.
Creo que él me puede dar
fantasía para amar.
Creo que él me puede poner
sobre aviso frente al mal.
 
Creo que él me puede dar valentía
para hacer lo que es bueno.
Creo que él me puede inspirar amor
a la palabra de Dios.
Creo que Él me puede dar
un hermano, una hermana que me
acompañan en mi caminar.
Creo que él puede penetrar
y transformar todo mi ser.
P. Karl Rohner s. J.

COLOQUIO CON MARIA

Tú, Madre, has sido la que influiste más en tu Hijo.
Tú fuiste la única que comunicó al Verbo su cuerpo para ser encarnado.
Tu mano, suave, llena de amor indecible, fue la que fue formando .
aquel hombre que había de llevar una vida de trabajador humilde,
y que después de vivir pobremente la vida de apóstol,
se ofreció desnudo sobre el ara de un leño áspero, símbolo
de la ignominia.
Ayúdanos, Madre, y fórmanos como otro Jesús.
Tú eres la que puede hacerla de un modo muy especial:
la mano de madre es insustituible:
no se ha inventado, ni el hombre podrá inventar jamás con toda su técnica,
ningún sustitutivo para la mano y el corazón de Madre.
Te lo pido, Señora: "muestra que eres Madre".
ponme con tu Hijo y mi hermano mayor, Jesús".

LA CUARESMA NO ES UNA COSTUMBRE


Este artículo vale para todos. Tal vez muchos se contentan con venir a la Misa algún domingo o todos los domingos; pero Dios, el Cristo de nuestra fe, está a kilómetros del alma. Quisiera reflexionar en este segundo domingo de Cuaresma, en la situación en que nos hallamos.

En una palabra ¿Qué pensará Dios de nosotros? "Dios no es una costumbre".
Vamos a intentar en esta Cuaresma, ser más espirituales, más piadosos, más de Dios, más de nuestros hermanos. Que Dios no sea una carga sino que sea realmente lo mejor: "amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos" y como "el corazón de Dios ante nosotros y nuestra vida tiemble de alegría". Vamos a pedir el don de piedad.

No una fe que se arrastra "Dios no es una costumbre" diría Santo Toribio. Es la razón de nuestra existencia y el que da sentido al nacimiento, a la vida y a la muerte.

Las realidades de cada uno son distintas. Las necesidades, pero es una realidad para todos que la Cuaresma es en esencia un encuentro intenso con Dios, "con el otro", una gracia especial.

SlTUACIONES DE LAS DISTINTAS ALMAS, PERSONASANTE DIOS:

1) Vida de pecado mortal, grave habitual sin importar nada de Dios.
2) Vida de pecado habitual venial, leve, cristianismo burgués, cómodo. Parásito de la fe.
3) Alternancia frecuente del pecado grave con la gracia, lucha por ser mejor.
4) Tibieza, displicencia, desgana habitual de las cosas de Dios, cierta apatía en la fe.
5) A veces Dios es una carga, no una alegría es más obligación que amor. Fe pobre.
6) A veces hay santidad y Dios pide más. Personas fervorosas y generosas.
7) A veces conviven en nosotros grandes heroísmos y grandes miserias. Es frecuente.
8) A veces hay grandes heroísmos y pequeñas miserias. Los santos son así la mayor parte.

La pregunta esencial es donde nos ubicamos cada uno. ¿Qué piensa Dios de nuestra vida en esta Cuaresma del 2013? ¿Dónde estamos en este momento tan cerca o lejos de Dios?

Vamos a intentar todos ponernos en la situación del hijo pródigo, y en la situación del hermano mayor del hijo prodigo. Peor el mayor por soberbio que la debilidad del menor. Todos tenemos un poco o un mucho de ambos, si somos humildes nos daremos cuenta que es verdad, y si no hemos caído muy abajo, tendremos que dar gracias a Dios por su generosidad.

En este momento están rezando por nosotros en conventos de religiosas de clausura, monasterios de hombres, en el Perú y en la Iglesia universal, ancianos o no ancianos en la soledad de sus casas que saben que hay que rezar por la Iglesia. Dios y almas buenas nos ayudan. Hay mucho de bueno pero se puede ser mejor.
Solemos decir estoy bien; pero habría que distinguir: Del cuerpo bien, del alma siempre se puede estar mejor. Romanos 3:10 - 11: "pues ya demostramos que tanto judíos como griegos están bajo el pecado, como dice la escritura: no hay quien sea justo, ni siquiera uno solo. No hay un sensato, no hay quien busque a Dios".

Nadie cambia dice el P. Larrañaga. Solo mejora un poco. Pero con la gracia de Dios todo se puede y los grandes conversos de la Historia de la Iglesia lo confirman. Ni hijo pródigo ni mayor. La murmuración, el rencor, el desprestigio, la indiferencia, el no perdonar, de todo esto nace la malicia, la pusilanimidad, la falta de esperanza, la indolencia en lo tocante a los mandamientos, la divagación de la mente por lo ilícito (San Gregario Magno, Moralia, 31).

La Cuaresma tiene que vencerlo, destruirlo. "Conviértete y cree en el Evangelio". Se dice el miércoles de ceniza. No intentamos hacernos sentir mal, como el médico habrá que hacer exámenes costosos, dolorosos, humillantes, con miedo a veces, abriendo el corazón con sus lacras o heridas, pero solamente, para mejorar, para sanar, para curar.

Sanación que no se da en el cuerpo sino en el espíritu, y así ser más agradables a Dios. "Vida de pecado mortal, grave habitual sin importar nada de Dios".

Hay situaciones de cierta hartura de Dios. "la tibieza es una cierta tristeza, por la que el hombre se vuelve tardo para realizar actos espirituales a causa del esfuerzo que comportan" (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, i, q. 63, a.2 ad 2.) Dios no es un Padre sino un sargento para estas almas.
 
Acudiendo a algunas citas de la Sagrada Escritura: " el camino del perezoso está lleno de espinas. El desorden, la poca constancia, el dejar para mañana. (Prov. 15,19)
Conozco tus palabras y que no eres ni fría ni caliente. iOjalá fueras frío o caliente! Mas, porque eres tibio, y no eres ni caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca. Porque dices: yo soy rico, me he enriquecido, y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo; Apoc. 3, 15-18.
Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí, (Mt 15, 8).
Maldito el que ejecute negligentemente la obra de Yahvé, (Jer 48,10. 20). Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos está en tensión, y los esforzados lo arrebatan. (Mt 11,12.21).

A Dios no le gustan las medias tintas, porque en el amor no puede haber nunca rebajas. Encender una vela a Dios y otra al diablo no es fe. Pecado, tibieza, mediocridad, indiferencia no son de Dios. Dios quiere algo mucho mejor para nosotros. Hay que tomar la Biblia en la Cuaresma y leer, meditar, orar, contemplar, dejarse consolar, buscar lo que Dios quiere, decidirse amar a Dios V al prójimo un poco más cada día. Gracias y frutos propios de la lectio divina. Necesariamente vendrán la conversión, la reconciliación y la Eucaristía, con una vida cristiana, cristiana.

Bastarían las citas bíblicas para salir del nivel de pecado en que podemos estar o la mediocridad cristiana de nuestra vida. La  cuaresma es un tiempo para cambiar. No dejar pasar la oportunidad. Es tiempo de luz a la inteligencia y fuerza en la voluntad para ir a Dios. Es tiempo para una vez más preguntarnos V tal vez varias veces al día ¿Qué pensará Dios de mí?.
 
Por: P. Francisco Domingo C.M.