LA EUCARISTÍA: MISTERIO, SACRIFICIO, SACRAMENTO.


  ES MISTERIO.
     ES SACRAMENTO.
        ES SACRIFICIO.

Como misterio, se cree.
Como sacramento, se recibe.
Como sacrificio, se ofrece.

Se propone en la fe como misterio.
Se da al alma, como sacramento
que   sostiene.
Se ofrece a Dios como sacrificio
perfecto.

Como misterio, asombra.
Como sacramento, alimenta.
Como sacrificio, redime.

Como misterio, sorprende.
Como sacramento, es fuerza.
Como sacrificio, rescata.

Como misterio, es admirable.
Como sacramento, es deleitable.
Como sacrificio, es inefable.

Como misterio, es un portento.
Como sacramento, es un compañero Como sacrificio, libera
  Como misterio, es impenetrable
Como sacramento, es sabrosísimo.
Como sacrificio, es valiosísimo.

Como misterio... debo meditarlo.
Como sacramento... debo gustarlo.
Como sacrificio... debo adorarlo.

Es misterio de fe. Debo creerlo.
Es sacramento de amor. Debo recibirlo.
Es sacrificio de un Dios. Debo unirme a él.

Como misterio, se esconde... Es el  Sagrario.
Como sacramento, alimenta... Es convite...  … Es la comunión.
Como sacrificio, se inmola...Es víctima...

  … Es la Santa Misa.

El misterio de Cristo se hace sublime.
El sacramento de Cristo, se comulga.
El sacrificio de Cristo se revive.

MISTERIO, SACRAMENTO Y SACRIFICIO.    

Por: Fray Antonio Corredor

MARTA ROBIN EN 50 AÑOS SOLO SE ALIMENTO DE LA SAGRADA COMUNION

SUFRIÓ EN VIDA LOS ESTIGMAS Y LA PASIÓN DEL SEÑOR.
La Congregación para la Causa de los Santos estudia los informes
 sobre su proceso de beatificación

La encefalitis que se apoderó de Marthe Robin, 1902 – 1981, una joven francesa que vivía con sus padres en una humilde casa del centro de Francia, la postró en una cama inmóvil, ciega y sin poder comer ni dormir. Sin embargo, y contra toda explicación racional, logró sobrevivir durante más de 50 años con la Sagrada Hostia como único alimento. Desde su profunda espiritualidad y desde su fe poderosa, la joven, quien aseguraba que «Cristo es mi alimento sobreabundante», logró fundar más de 70 «Hogares de Caridad» en los cinco continentes. El Vaticano, hoy, estudia la causa de su beatificación.

En 1928, a los 26 años de edad, la encefalitis que se apoderaba poco a poco del frágil cuerpo de Martha Robin, la sexta hija de una matrimonio de humildes campesinos de la pequeña localidad, cerca de Lyon, paralizó todos sus músculos, incluso aquellos que nos permiten tragar los alimentos y la bebida. Su estado se agravó aún más fruto de un insomnio persistente y de la ceguera. El diagnóstico, al final, era tajante: Marthe Robin moriría pronto y lo único que se podía hacer era llamar a un sacerdote para que recibiera la unción de enfermos.

La joven, en extremo piadosa, preparó su alma para entregarla al Señor y recibió el viático un miércoles. Una semana después, Robin seguía viva y la familia volvió a llamar al sacerdote para que la confortara en sus «últimos días» con la Comunión. A la semana siguiente, Marthe vivía. Y así semana tras semana, mes tras mes… hasta 53 años postrada vivió Marthe desafiando las ciencias precisas de la Biología y de la Medicina, que nos enseñan que ningún ser vivo puede vivir sin alimentos.
Ella entendió que era el propio Jesús quien le daba las fuerzas para seguir viviendo: «No hay que asombrarse de que yo pueda vivir en total ayuno. El cuerpo y la sangre de Cristo son mi alimento sobreabundante». Y así, todos los viernes, sufría tal identificación con la Pasión de Nuestro Señor, que padecía las angustias visibles y similares a las que sintió Cristo en Getsemaní. Por añadidura, el cuerpo postrado de la joven manifestó visiblemente los estigmas (en manos, pies, costado, en incluso en la cabeza, que sangraba como si tuviera clavada las espinas de la corona) de la Pasión.

Decenas de miles de testigos (entre ellos, cardenales, obispos y muchos prohombres de la Iglesia) pudieron dar fe, a través de los más de 50 años que Marthe sobrevivió con el único alimento de Cristo, de la verdad sobre el caso Robín. Uno de ellos, el gran filósofo, escritor y miembro de la Academia de la Lengua, Jean Guitton, escribió un libro, «El retrato de Marche Robin», donde se subraya que «soy consciente de que esta obra es desconcertante e irritante para muchos que van a dudar de la verdad de lo que cuento. No obstante, quiero responder a sus objeciones con las pruebas evidentes de la verosimilitud de este relato».

Agustín Losada Madrid, La Razón, miércoles 13-VI-2001

GRANDES EJEMPLOS A SEGUIR

Es mucha la emoción que me embarga, el poder haber conocido y conversado con algunas de las personas que hace 48 años se decidieron a trabajar por lo que hoy es nuestra Parroquia…. ¿quieren saber cómo empezó?
A mediados del año 1963 la Urbanización de San Juan de Miraflores comenzó a poblarse en gran cantidad, ya existía la Parroquia Niño Jesús (Ciudad de Dios)  que abarcaba Ciudad, Pamplona, para arriba pero para este lado que nos correspondía, no teníamos ninguna Comunidad Parroquial así que se vio por conveniente enviar a un sacerdote, encargando de esta labor al Padre Andrés Reusen (sacerdote diocesano) él estuvo hasta fines de este mismo año y luego le cedió la posta al Padre José Enriquez Cid (sacerdote Vicentino)
Los inicios de esta Parroquia fueron muy curiosos celebraban la Misa en donde ahora es la explanada de la Comisaria a campo abierto en donde las primeras misas fueron con cosas todas prestadas de los mismos vecinos, la mesa que se usaba para el altar, las sillas y todo .. todo lo demás.
El Padre José en cada Misa motivaba a la comunidad a participar activamente en la Parroquia, sería hacer historia el recordar a los variados COMITES dedicados y entusiastas por hacer actividades a favor del templo.  Hay un Libro de Acta de Fundación del Comité Pro- Parroquia de fecha: 19 de Mayo de 1964 – Hora: 8:00 p.m.– Lugar: Casa del Señor Julio Lecca Bustamante.
Finalidad: Elección del Comité “Pro Parroquia”.Convocatoria: A todas las familias (parejas) de la Parroquia. Modalidad: Elección por aclamación.

RESULTADO DE LA ELECCIÓN:
Presidente – Señor Julio Lecca Bustamante y Señora Teresa Joyo de Lecca
Secretario – Señor Leoncio Pinto Torres y Señora René Chacón de Pinto
Secret. de Disciplina – Señor Benedicto Encinas y Señora América de Encinas
Tesorero – R.P. José Enriquez Cid
Pro-Tesorero – Señor José Ruiz y Señora María de Ruiz
Secret. de Prensa y Propag. – Señor Roberto Castro y Señora Carlota de Castro  
Vocales – Luzmila de Velarde, Ida de Torres, Yolanda de Ordinola, Micaela Castro, Alicia de Villavicencio, Olga de Tapia , Esteban Limascca, María Ortiz Salas, Félix Cotrina y Julia de Cotrina, Cecilia de Mogollón y Teresa de Rodríguez

Hace pocos días, tuve oportunidad de conversar con Monseñor Revoredo, y se sentía tan emocionado al recordar el trabajo hecho en esta Parroquia ,elogiando a esta comunidad con quien ha compartido alegrías y conflictos para ver logrado el sueño de sus vidas: “Tener un lugar de culto y evangelizar a cada familia de San Juan”. Y este cariño es recíproco porque muchas personas de ese tiempo y sus familiares, reconocen en Monseñor un gran impulsador.
Si algo hay que rescatar de este grupo de vecinos es su entusiasmo, sus ganas de trabajar sin contar que daban su tiempo casi sin medirlo, todos eran parejas relativamente jóvenes que trabajaban, tenían hijos grandes, chicos, medianos pero que para ellos no existía la palabra NO TENEMOS TIEMPO.
Empezaron de a cero y comenzaron desde poner escarapelas, visitaban todas las casas, empadronándolas y hasta subían a los omnibús a colocar sus escarapelas con sus alcancías para ir teniendo ingresos. La primera Kermesse que se realizó en esta Parroquia fue el 28 de Junio de 1964.

Como recién empezábamos, la Parroquia de Ciudad de Dios nos regaló las campanas que muchos años nos acompañaron, También por parte de una Congregación Religiosa nos regalaron algunos ornamentos.
En una de las reuniones de este Comité (01 de Junio) el P. Enriquez informa que ya se está conversando sobre el nombre que debería tener la Parroquia y decía que el Cardenal sugería que el nombre no sea igual que el de la Urbanización, por esa fechas también el Cardenal visitó estos lugares para definir con la Junta Nacional de Vivienda el sitio y el metraje que tendría nuestra Parroquia.
En este mismo tiempo se realizó con mucho fervor y entusiasmo la procesión del Corpus Christi, el acto fue muy concurrido y  al término de dicha celebración muchos fieles sugirieron al Padre José que nuestra Parroquia podría llamarse Corpus Christi y es así que en Agosto luego de conversar el P. Enriquez con el Padre Provincial es que este le comunica que nuestra Parroquia oficialmente sería llamada CORPUS CHRISTI.
Desde el mes de Julio de 1964 ya funcionaba el Despacho Parroquial donde se inscribía para los bautizos, misas. matrimonios y otros servicios que brindaba la Parroquia y en una visita que realiza el Cardenal Richard Cushing (Arzobispo de Boston) a Lima , conoce San Juan y nos deja en obsequio un altar, ya que se mostró muy interesado en el trabajo que teníamos por lograr la Parroquia
Luego ya de tener nombre se pudo colocar el cartel de posición del terreno y toda la documentación saldría con el de Parroquia Corpus Christi, reconocida por todas las instancias, por la Provincia y luego por el Cardenal Landázuri.
Por consiguiente en Setiembre de 1964 se inicia la nivelación del terreno, también ya porque era urgente tener un lugar más apropiado para celebrar la Santa Misa.

Al constituirse como Parroquia necesitábamos tener un Párroco y en Enero de 1965 llega el Padre Raymundo Revoredo como Párroco de nuestra Comunidad y apoyar en la gran labor junto al P. José Enriquez. Ya en Mayo de 1965 se coloca la primera piedra, con los planos ya hechos y aprobados y de ahí en adelante la labor maratónica de la construcción y todo se fue logrando gracias a las donaciones generosas de la vecindad y los recursos provenientes de bingos, rifas, reinados, tómbolas kermesse, almuerzos, comidas franciscanas, préstamos…todo para ayudar en la construcción de lo que hoy es nuestro Templo y donde estamos hasta ahora.
Es justo recordar y dar un homenaje póstumo a quien a pesar de todas las dificultades y carencias del momento y lugar nunca desfalleció ni se desanimó, el Padre José Enriquez Cid él murió en plena lucha, en plena juventud y en plena misión, el día de Santa Rosa de Lima, víctima de una afección cardiaca en el año 1965.
Un hombre tan carismático y tan lleno de Dios que pudo lograr iniciar lo que hoy nosotros hemos heredado… esta Parroquia, no sólo en construcción sino también en formación. Debió ser alguien muy especial para lograr que parejas de esposos inicien este caminar y luego de 48 años muchas familias de ellos puedan seguir participando en las Eucaristías, puedan seguir este camino de ser templos de Dios.
Hoy sigue habiendo  cantidad de gente por evangelizar, gente que busca un templo bello, adornado, glamoroso, hoy es tiempo que les mostremos ese templo aquí en esta nuestra Comunidad de Corpus Christi, es tiempo que nos mostremos nosotros, templos vivos, templos presentes donde vive Jesucristo y luego de eso lo demás llega por añadidura….
P. Milagros Gutierrez

LA PRIMERA EUCARISTÍA DE UN NUEVO SACERDOTE

Deseando prepararme del mejor modo posible para recibir el sacramento del orden y la celebración del sacrificio de la Misa, resolví emplear en esto un mes entero. Me dediqué entre otras cosas a las prácticas de piedad que me ayudaran a ser un sacerdote como Cristo.

La víspera del Domingo de Ramos, comenzamos unos días de ejercicios espirituales, para la ser santos sacerdotes y celebrar la Eucaristía. Éramos tres nuevos sacerdotes, a saber los PP.  Adolfo Corral y Cornelio Crespo y un servidor.

Mi primera misa la celebré en una capilla de religiosas. Los favores y gratísimas impresiones que la gracia hizo en mí en aquel día, no lo podré expresar. ¡Cuánto no me conmovieron aquellas hermosas palabras del Canon del Jueves Santo: ¡el día antes que padeciera en la cruz.  !Ninguna Misa como la de jueves santo es tan adecuada para ofrecer por vez primera,  el divino Sacrificio! Luego, en aquel mismo día se conmemoraba el misterio de la Encarnación: ¨Y el verbo se hizo carne¨. ¡Y en el día 25 de marzo tenía la dicha de celebrar mi primera Misa!

Durante todos los ejercicios espirituales,  dos misterios me absorbían mi mente y mis afectos. Eran la Encarnación y la Eucaristía. El punto principal de mis meditaciones era éste: debo prepararme a celebrar mi primera Misa, imitando las disposiciones que adornaban a la Santísima Virgen, al tiempo de la Encarnación, especialmente su humildad, su pureza y caridad.

Tres resoluciones tomé en este retiro  con la gracia de Dios, las he cumplido fielmente hasta hoy:

1ª. no celebrar jamás la Santa Misa con conciencia de pecado mortal, y, si por desgracia, a una culpa grave, purificarme por medio de la confesión, antes de acercarme a los altares;

2ª. no celebrar jamás, el augusto sacrificio, sin haber tenido la preparación inmediata siquiera de media hora; y

3ª. jamás omitir la acción de gracias inmediatamente des­pués de la Santa Misa, siquiera por otra media hora. El retiro más provechoso para mi alma, de cuantos he te­nido, durante toda mi vida, ha sido éste que tuve en preparación para mi primera Misa.

Así como los cuatro primeros días de la Semana Santa, de 1880, los empleé en prepararme para la celebración de de la Eucaristía, los tres últimos días de aquella Semana tan preciosa los dediqué a la acción de gracias por mi primera Misa. Nuestro retiro espiritual lo terminamos el domingo de Pascua; en cuya hermosa fiesta canté mi segunda Misa. De este modo aquella semana de ejercicios espirituales, la más memorable de toda mi vida, la más fecunda de gracias y bendiciones, vino a ser el principio de mi ministerio sacerdotal.

Así como hay una inocencia bautismal, me decía, así debe haber también una inocencia sacerdotal. La primera consiste en no manchar el alma con culpa grave después del bautismo y, la segunda, en mantener limpia de la misma culpa el alma después de la ordenación sacerdotal. Jamás, hasta la muerte, por nada de este mundo, incurriré voluntariamente en ningún pecado grave. Me queda el consuelo de que con pleno y deliberado consentimiento, me parece, no haber ofendido a mi Dios gravemente desde que me hice sacerdote.

PADRE JOSÉ JULIO MARÍA MATOVELLE MALDONADO

CAPITULO 11 DE LOS CORINTIOS

Este texto es sumamente interesante para probar la práctica de la Cena Eucarística entre los primeros cristianos. San Pablo dirige palabras duras en tono irónico a la Comunidad de Corinto a causa de faltas graves en la Celebración Eucarística.
La formación de bandos por discriminación social y también cuando se reunían para una cena común era una de ellas. 
También era norma que cada cual apartara alguna comida para luego compartirla pero; habían quienes llevaban todo un banquete para sí mismos y no lo compartían con los pobres que llevaban muy poco; esto lo califica como “indigno” de una comunidad cristiana que participa en la Cena del Señor, porque si se hace  la división e indiferencia hacia los pobres estas reuniones no podían ser reflejo de la caridad de Cristo que llama a todos a la unidad.

Consecuentemente Pablo nos invita a reflexionar sobre la verdadera realidad de la Eucaristía con el fin de hacernos valorar al Espíritu de comunión fraterna.
También en nuestros tiempos, la obediencia a las normas litúrgicas debería ser redescubierta y valorada como reflejo y testimonio de una misma Iglesia católica.

El apóstol de los gentiles, Pablo, nos asegura además que por lo que se refiere a la Eucaristía, no nos transmite su doctrina personal sino lo que El a su vez ha recibido. La celebración Eucarística implica la tradición viva a partir de la experiencia del Resucitado y de la efusión del Espíritu Santo, la Iglesia celebra el Sacrificio Eucarístico obedeciendo el mandato de Cristo.

El amor a la Eucaristía nos lleva también a apreciar cada vez más el Sacramento de la Reconciliación ya que en la actualidad los fieles nos encontramos inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado, favoreciendo una actitud superficial que lleva a olvidar la necesidad de estar en gracia de Dios para acercarse dignamente a la comunión sacramental.

En la Última Cena con los apóstoles, la víspera de su pasión, Jesús realiza anticipadamente la oblación libre de sí mismo: “Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros”. “Esta es mi Sangre que será derramada…” (Lc. 22, 19-20).
De este modo, Jesús instituye, al mismo tiempo, la Eucaristía como “Memorial” (1Co. 11,25) de su sacrificio y a sus apóstoles como sacerdotes de la Nueva Alianza: y los apóstoles aceptando la invitación de Jesús en el cenáculo, entrarán por vez primera en comunión sacramental con El. Desde aquel momento y hasta el final de los siglos, la Iglesia se edifica a través de la comunión sacramental con el Hijo de Dios inmolado por nosotros.

Quien es consciente de vivir, o aisladamente, haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la reconciliación antes de acercarse a comulgar.
También son necesarios, creer,  el espíritu de recogimiento, de oración, el ayuno prescrito, la actitud corporal digna y vestimenta apropiada en señal de entrega a Cristo.

Son muchos los signos con los cuales el Señor nos advierte y con solo respetar las
exigencias de una celebración digna de la Eucaristía, la Iglesia…  se transformaría.


POR: OLGA PINEDO